20 de octubre de 2009

SI DON ALONSO NOS VIERA...QUE PENSARÍA!


A más de cuatro siglos y medio de la fundación de La Paz, aquí estamos viviendo los ufanos días de un progreso incontrolable, que hace nuestra ciudad una poderosa urbe donde millones de hombres y mujeres paceños, hermanos bolivianos y extranjeros luchan por su engrandecimiento.

Quién sabe si algún día sonó el barbudo don Alonso que el pueblo fundado por él y un grupo de intrépidos españoles ese 20 de Octubre de 1548 “En el nombre de Dios y de la Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo que son las tres personas en un solo Dios verdadero que viven y reinan por siempre y sin fin…” devendrían en la maravillosa y cosmopolita capital del corazón de América. He aquí que pasamos cuatrocientos sesenta años y recordamos a La Paz que allí por el año 1552 ya era una ciudad, desde la zona de Churubamba se levantaron las primeras edificaciones, centro del cual partieron las calles, aumentaron las casas y se multiplicaron los vecinos.

En aquellos tiempos ya se contaba con una sociedad jovial y turbulenta. En el Cabildo se ventilaban las suplicas de los indios y los pleitos de los españoles, mientras que los descontentos iban a la Piedra de la Paciencia para blasfemar contra las autoridades.

Para el año 1560, las principales calles donde existían edificios de dos pisos fueron empedradas, había un Hospital, el agua potable era distribuida por acequias a las casas, teníamos varias iglesias, boticas, barberías y un activo comercio de productos nativos y extranjeros.

Se abrieron los “Thampus” para viajeros y otros para indígenas con grandes corralones para los caballos de los aventureros y demás animales de carga.

En mayo de 1590 el Rey de España recibió una solicitud de Miguel Cervantes y Saavedra, quien después de señalar los servicios a la Corona, pidió el puesto de “Corregidor de La Paz”. La solicitud fue negada, meses después llego el jesuita José Acosta con el propósito de edificar un convento. Hubo donaciones de terrenos, colectas y así nació el Loreto de La Paz, en el sitio donde actualmente está el Palacio Legislativo. En torno al convento se levantaron muchas casas, vinieron después otras órdenes religiosas, de los Mercedarios, Agustinos y franciscanos. Años más tarde se fundó el monasterio de las concepcionistas, donde ingresaron las primeras novicias: Melchora Acero, Juana Aguilar, Isabel Peralta, Francisca Castro, Lorenza días del Castillo, María Poblete, Luisa Rolda y María Alayza.

Desde aquellos tiempos nebulosos del coloniaje, La Paz fue teatro de sangrientas luchas entre españoles e indígenas. Aquí fue donde se planearon todos los movimientos contra los peninsulares para obtener la independencia del Alto Perú, escenario de la espectacular muerte del soberbio, caudillo criollo Pedro Domingo Murillo. Esta ínclita ciudad vio a turbas alocadas y batallones enfurecidos que bajaban y subían a diversos presidentes, insurrecciones de indios, saqueos, cercos y matanzas fueron continuos. Por si fuera poco, el 2 de Abril de 1582 se produjo el terrible hundimiento de “Ancu Ancu” actual Zona de Tembladerani, donde vivían 2.000 indígenas. Ese día funesto toda la población desapareció en menos de lo que canta un gallo.

En los pulpitos y en los hogares se comentaba el terrible castigo de dios contra los indios herejes y estos pensaron que sus dioses les habían abandonado.
Esta historia tan parecida a la destrucción de Sodoma y Gomorra, tiene sus tintes peculiares.

Así, entre mil episodios intensos, La Paz creció rompiendo las olas de todas las dificultades y se introdujo en el mar del progreso, llegando al año 1909 con 90.000 a 100.000 habitantes y un movimiento comercial muy importante. El país había desarrollado todas sus actividades en un ambiente de libertad fuera de las rencillas partidistas, incidentes eleccionarios, revoluciones y empecinadas peleas de partidos en el gobierno y grupos de oposición.

Pasa el tiempo…mientras el Fundador se divierte mirando desde arriba, se solaza, retoza de gusto al ver los rascacielos de una ciudad que se lanza al aire, las plazas y paseos donde se encuentran hermosas señoritas acompañadas de elegantes caballeros, mira la Alameda cubierta de enormes sauces y eucaliptos, admira los carruajes yendo y viniendo, es testigo de dulces enamoramientos en el Montículo y en la Avenida del Poeta, pasea por Chijini, Riosinho y el Tambo del Quirquincho, lugares donde brota el perfume de los recuerdos.

Don Alonso se deleita al contemplar Obrajes cubierta de haciendas y jardines, juega con el humo de las chimeneas de las fabricas y alisándose la barba no puede comprender como las diversas clases sociales conviven fraternalmente dentro de un ambiente de tolerancia y comprensión, se organizan diferentes grupos literarios y científicos, trabajando tesoneramente en pro de la educación popular.

Hombres estudiosos forman elites intelectuales para fomentar la cultura del país, proliferan los periódicos las revistas, los centros de información.

Ve nacer el “Club de La Paz” sitio que los habitantes construyen en busca de sano esparcimiento y lo encuentran, luego allí se presentan compañías dramáticas, conjuntos de opereta, zarzuelas. Tonadilleras llegan a la ciudad con frecuencia, así como el Teatro Municipal, el Teatro Princesa y el Paris presentan actividades para beneplácito de todos los gustos.

No podían faltar los circos de renombre continental y de cuadrillas de toreros que desde México, Lima y Bogotá, hacían vibrar a los paceños, en un clima de grata hermandad.

La ciudad se ilumina, llegan el biógrafo, el cine del silencio, los primeros automóviles, las victrolas, el teléfono, la radio, la moda de Paris, todo es una aventura y una novedad constante; los paceños se divierten al ritmo de las grandes capitales americanas, suben y bajan de los tranvías en un ajetreo singular. El Siglo XX se hace sentir con toda turbulencia y La Paz crece, se extiende, sube a las montanas, baja por las chacarillas de Miraflores, Obrajes y Calacoto, nada puede detener el progreso arrasador.

Ah! Capitán Alonso, que habéis hecho!!! Si pudieras ahora pasear por los suelos rústicos de piedra y labrantíos por donde tu caminabas, si pudierais entrar a las moles de cemento donde suben y bajan cientos de personas por los ascensores, solo lograrías caminar por las calles sin ser empujado con grave peligro de ser atropellado por los miles de motorizados que bocinan por doquier, podrías morir de un soponcio, os lo aseguro.

Y si suenas con encontrar damiselas dulces y perfumadas, llenas de miriñaques y crinolinas, ahora no sabrías ni diferenciarlas…pobre Don Alonso de Mendoza…solo las encontrarías con jeans americanos y chamarras de cuero por todo lado.

Tu obra, mi querido barbudo, se ha convertido en un monstruo que crece desenfrenadamente y tu mereces todo el reconocimiento posible, tu trabajo el de aquellos españoles de capa y espada, impulsada por los criollos y patriotas, hoy se muestra orgullosa a los ojos del presente.’

Gracias viejo flaco barbudo por haber fundado esta hermosa ciudad, nuestra bella La Paz del pasado, del futuro y de la hermandad!.

Isabel Velasco.

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1 comentario:

  1. No había leido una descripción tan interesante sobre la fundación de La Paz.
    Que hacer ahora?. Como dice Isabel, LP se ha convertido "en un monstruo que crece desenfrenadamente".
    Yo pienso que La Paz se parece a un embudo con una estrecha salida hacia el sur.
    Transformarla será dificil sin afectar toda esa arquitectura colonial. Personalmente creo que hay que pensar en una Nueva La Paz. Conservando algunos "monumentos" nacionales, hay que rediseñar un paisaje moderno. O, alternativamente, construir una nueva ciudad, lejos, con identidad y vocación urbana y bastante alejada del "aparato" político-administrativo. No puede ser que LP sea conocida como esa "hoyada" de tejados coloniales donde se vive de principalmente de las "pegas" burocráticas. Necesitamos una nueva visión y, quiza una nueva fundación.

    David Marquez

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