22 de marzo de 2011

EL PORTENTOSO MILAGRO DEL SEÑOR DE LA COLUMNA



Como preámbulo al milagro del Señor de la Columna, ocurrido en la ciudad de La Paz en la cuaresma del año 1802, primeramente voy a referir lo que era entonces el templo de Santo Domingo, llamado también de “San Jacinto”, para luego después narrar en detalle ese hecho milagroso y divino del Señor de la Columna, algo que conmovió tanto y arrobo piadosamente al vecindario paceño de la época colonial.

Santo Domingo o San Jacinto, que así se llamaba la hermosa iglesia que se halla en la esquina de la calle Ingavi y Yanacocha, fue construida por los españoles el añ 1590 al fundarse también el convento cuyos claustros comprendían toda la manzana dentro de la cual se halla el Colegio Nacional Ayacucho.

Contaba en sus primeros años con 15 sacerdotes, frailes dominicos de hábito negro y capuchas blancas.

Cuenta el tradicionalista español Meléndez en su libro “Los Tesoros Verdaderos de las Indias” que, cuando construían el templo y habiendo cavado la tierra para los cimientos, el Prior Fray Miguel Antezana hallo, debajo de la tierra virgen, tres crucecitas de madera, las que fueron enviadas al Santo Padre de Roma. Este es uno de los episodios más curiosos del convento de Santo Domingo.

Al albor de la independencia, el Libertador Simón Bolívar, dispuso el alejamiento de los frailes españoles expulsándolos del país, convirtiéndose el convento en iglesia parroquial a cargo de la Curia Eclesiástica como Catedral en reemplazo de la antigua que había sido demolida, para dar paso a la nueva construcción que es hoy la Basílica y la misma que se estreno en la fecha del Centenario de la Republica en 1925, durante el gobierno de don Bautista Saavedra. Así Santo Domingo volvió a ser parroquia.

En este templo se hallaban las imágenes del Señor del Habla, de la Virgen de La Paz y del Señor de la Columna, que hoy se encuentran en la catedral de la Plaza Murillo.
En el templo de Santo Domingo se guardan y se conservan con celo religioso, la mano derecha del Obispo Ochoa, quien jamás en su gobierno episcopal había tocado plata o dinero con sus manos, ya que consideraba este una vil mercancía y cuando tenía que contarlo lo hacía con su bastón.

También está en ese antiguo templo la Mitra del Obispo Indaburo, Allí reposan también los restos del Brigadier Sebastián de Segurola y de otros tantos personajes del movimiento libertario del 16 de Julio de 1809.

En la cuadra de Santo Domingo, hacia arriba, donde vivían los nobles españoles en tiempos de la colonia, se encontraba la mansión de la encumbrada y filantrópica familia Landavere Villaverde, cuya cabeza era el paceño Don José María Landavere.
Era un lunes santo de 1802 a la hora del almuerzo que Don José María recibió el anuncio de su sirvienta Benita, de que un pobre caballero de aspecto muy señorial, toda bondad y dulzura pedía por caridad algo de comer.

Don José María inmediatamente lo invito a su mesa, pues era fama de los Landavere Villaverde, compartir el pan de cada día con pobres y ricos. El noble caballero, después de saludar a los circunstantes de la familia muy reverentemente tomo el asiento que le indicaron, sorprendiendo a todos por sus finos modales y su buena educación, su sola presencia causaba respeto y admiración. Era alto, de facciones finas, medio rubio.

Todas las puertas de las casas de familia de esa época permanecían cerradas y atrancadas con gruesos aldabones y cuñas de madera. El señor de la visita a pesar de tanta precaución de seguridad, había logrado ingresar a dicha casa a compartir la mesa del Lunes Santo con esa cristiana familia.

Mientras tanto y a la misma hora en que los Landavere Villaverde almorzaban, acompañados del respetable como pobre invitado. Uno de los sacristanes del templo enajenado de sorpresa y espanto, prorrumpía en gritos desaforados llamando la atención de todo el mundo, al comprobar que la imagen del Señor de la Columna había desaparecido de su altar.

El pobre sacristán enloquecido en tan semejante trance no tuvo más remedio que avisar la pérdida o secuestro del Cristo, pues era imp0sible que robaran al “Señor”.
Es de notar que la imagen del Señor de la Columna es del tamaño natural de un hombre.
El sacristán saliendo a la puerta de la iglesia a todo clamor y chillando pedía auxilio.



La excitación de la gente que se arremolinaba en su entorno comentaba desesperadamente la desaparición misteriosa del Señor de la Columna,
Ante tan fenomenal laberinto, fueron mandados emisarios por todas partes en busca de la imagen. El Señor de la Columna no parecía, el pueblo seguía arremolinado en las puertas del templo en corrillos de asonada. Más en medio del tumulto y sin que nadie lo advirtiera entre la confusión y chillerío que imperaba y aprovechando el desorden, entro a la iglesia un señor de aspecto humilde a quien nadie le dio atención.

En la casa de los Landavere nadie sabía de lo que ocurría en Santo Domingo y el huésped después de haberse servido parcamente el almuerzo, se levanto de la mesa y dando las gracias a sus benefactores, bendijo la casa y a toda la familia.
Dicen que al salir la esposa del dueño de casa conmovida en caridad, lo miro fijamente a los ojos y vio en ellos el esplendor del cielo, no pudo con su corazón bondadoso y corrió a la cocina y cogió un pan. Se acerco al mendigo y con todo cariño le dijo:

“Que tengo usted buen viaje forastero, que sus pasos siempre lleguen a su destino y tome para el camino este humilde pan”.

Don José María lo acompaño hasta la puerta de calle con las debidas atenciones a tan dulce, suave, apacible y paradigmático señor.

El visitante bajo la cuadra que mediaba entre su casa y la iglesia, en momentos en que el barullo iba creciendo. Esto llamo la atención del filántropo José María, obligándolo a bajar desde su residencia para percatarse de lo que sucedía. Puesto al corriente, se dio cuenta que el Señor lo había visitado y él lo invito a almorzar.
Mas no dijo nada, era imposible dar esa noticia, nadie le iba a creer.

El asunto se complicaba y la tensión de sobresalto y turbación iba creciendo.

Alguien dijo que acababa de entrar al templo una persona que coincidía exactamente con los detalles expuestos por el señor Landavere.

Todos entraron al templo, con dirección al altar del Señor de la Columna, encabezados por el infeliz sacristán, quien no sabía cómo responder de la desaparición de la imagen.
Pero….Oh Milagro!!! La efigie estaba en su respectivo sitio, mostrando sobre su columna de plata el pan que le fuera obsequiado por la Señora Villaverde después del almuerzo.
Acababa de efectuarse un portentoso milagro en los anales piadosos de nuestra ciudad, tan cristiana y tan religiosa y en un hogar de abolengo tradicional.

Desde entonces, en tantos años que han pasado, los familiares descendientes de los Landavere Villaverde cumplen con la santa devoción de hacer rezar la Novena y la Misa del Lunes Santo al pie del Señor de la Columna en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz, en la Plaza Murillo.

Esta es una tradición paceña que pasa de generación en generación. Ayer eran los Méndez Ibarguen y luego los Méndez Aguirre. Ahora seguramente son sus hijos.
Bendígalos el Señor y agradezca el pueblo paceño a esta familia de grandes virtudes ciudadanas y de piedad cristiana.



Isabel Velasco.

Bookmark and Share

4 comentarios:

  1. Puka Reyesvilla Méndez25 de marzo de 2011, 22:44

    Inspiradora columna.

    ResponderEliminar
  2. No solo este artículo sino todos los demás de ésta y las otras secciones, son un regalo para la nostalgia. Gracias Isabel!

    José, desde Zaragoza

    ResponderEliminar
  3. Muy linda historia del milagroso Señor de la Columna, mi familia Rodriguez Arana por generaciones es devota del milagroso Señor, mismo que es patron del templo del pueblo de Sorata en el departamento de La Paz – Bolivia. En particular le tengo mucha fe porque siempre que le pido algo me ayuda y eso hace que incremente y fortalezca mi devoción.
    Muchas por la narración y que el Señor de la Columna los bendiga ndiga.

    Richard Montoya Rodriguez

    ResponderEliminar
  4. Sin conocer el milagro del Señor de la Columna, por casualidad asistí en la Catedral, a una de sus novenas previas a la Semana Santa y desde ese día, siempre he tenido, en presencia de su imagen, una especial sensación, gracias por esa hermosa narración, continuaré con mis oraciones en ese Templo cuando tenga la oportunidad...

    Milka Melazzini Terrazas

    ResponderEliminar

Derechos de Autor © 2016

Todo el contenido de este blog es propiedad intelectual de Isabel Velasco - isabelvelasco@hotmail.com