13 de enero de 2011

TROMPOS, VOLADORES Y VISITAS

Cuando comprobamos la falta de “imaginación” de la juventud y niñez actuales, que no obstante de tener a su alcance una enorme diversidad de entretenimientos, juguetes de lo más sofisticados, armas interplanetarias, motorizados de todo tamaño, estilo y con control remoto, Barbies que ganan concursos de belleza y toda suerte de menudencias en artefactos para la casa, las guerras de las galaxias, tienditas hechas y derechas, sin que falte nada y a cualquier precio, a mas de los Nintendos, Play Stations, Iphones, PSP, X Box, Wi, Playstations, juegos computarizados, revistas y libros al por mayor de donde salen figuras que atrapan el maravilloso mundo de los niños…vemos consternados que ellos “nunca tienen nada que hacer”.

Es un hecho verlos deambular por la casa con el consabido dicho “que puedo hacer” o “no tengo nada que hacer” y en ese momento uno puede ver un cuarto lleno de juguetes y toda esa parafernalia de objetos computarizados.

En esos momentos vienen a mi memoria como nosotros, los de antes, lo que “siempre” teníamos “mucho que hacer”, el año escolar era interminable y parecía que las vacaciones de invierno eran jamás llegaban y cuando venían eran demasiadas cortas.

Ahora les traigo para el recuerdo aquellas tardes felices en las que pasábamos horas de horas, no viendo repetitivamente la tele, o un video de los millones que hay ahora para niños. Programas de Super Héroes, de Niñas que tienen programas en el famoso You Tube de Hanna Montana y sus aventuras, el Disney Channel, Nikelodeon, cientos de canales, a cual mejor.

Nosotras las de antes siempre en la eterna búsqueda de lo imposible, soñando con hadas, palacios y princesas, inclusive fingiendo con ademanes captados de la vida social de nuestros padres en las “visitas”; tomando té con las comadres recibiendo en la puerta, vistiéndonos con los trajes de la mami o torciendo sus elegantes “tacones”, y por si fuera poco pintándonos con sus más apreciados maquillajes, “fortuna desperdiciada” en aras de la belleza y que en otros tiempos eran tan difícil de adquirir.


Los “muchachos de antes”, disciplinados, obedientes y chapados a la antigua, eran sin duda más felices que los de hoy.

Una jornada cualquiera de ellos comenzaba al retorno del colegio o de la escuela, más o menos a las cinco y media de la tarde, hora en que todos los patios de esas antiguas casonas de antaño se llenaban de risas y gritos infantiles.
Considerando que todas las casas constaban de dos o tres patios, los juegos y rondas tenían una nutrida concurrencia, hermanos, primos, vecinos, alojados y además los “chicos de la casa”, todos participaban en una unión sin diferencias sociales y de clase, todos éramos niños, compartiendo la misma felicidad.

Los juegos de antes eran simpáticos y llenos de imaginación, todos ellos han desaparecido lamentablemente, quien haya tenido una infancia feliz no puede olvidar el “San Miguel...San Miguel”, “Oculta…Oculta”, “Aquí hay huevitos? No! En la otra esquina”

Con que inocencia chicos y chicas jugaban hasta muy tarde:

“Toc Toc…quién es? El Ángel de la Bola de Oro..O el Diablo de Cien Cachos! También el “Santutuy Moroco. Pasara pasara a mi barquito, el ultimo se quedara” “Arroz con Leche”, “pesca pesca”, “Lobo…lobo…que estás haciendo?” “Vengan dos Caravandos …cholitas colgando, “Veintiún panes y un quemado”, “Pan Cojito”, “hilo de Oro Hilo de Plata” y miles de juegos más.

Las horas pasaban hasta el anochecer...Tiempo en el cual los “maltoncitos” se quedaban en los patios escuchando “los cuentos de terror” y no faltaba uno más vivo que hacia lujo de su imaginación y contaba: el “Duende de Quilla Quilla” la historia del Zambo Salvito, otro traían siniestros relatos de tenebrosas fincas y haciendas de esos tiempos, donde los fantasmas, condenados que arrastraban cadenas, almas en pena y aparecidos eran el pan de cada día.

Ahí estaban las mas truculentas leyendas de la época: “El Fantasma de la Jaén”, “El Duende del Orfanatorio”, “El Judío Errante”, la “Mano Negra”, “La Canillita de la Novia de la Muerte”, “La Cabeza de Murillo”, “La Monja Parada”.

Ya en los años cincuenta-sesenta jugábamos “según la temporada”. Sin que nadie se ponga de acuerdo ni fijara fecha, comenzaba e inadvertidamente concluía el ciclo de las “chocas” era nada más que una chica o chico lleve una choca al colegio y ahí se instauraba “la temporada de chocas” todos tenían sus artefactos para iniciar verdaderos concursos en los que nadie se quería quedar atrás, de ahí que todos tenían que practicar en casa o detrás de alguna puerta. Se hacían equipos, se jugaba a lo hombre y a lo mujer, cruzado, con los ojos cerrados, y muchos trucos mas.
Luego comenzaba la época de los “Thijchus” y para las niñas “La Mesita” juegos con bolitas de cristal.

Qué decir de los trompos…todos absolutamente todos hacían bailar sus trompos de todo color y tamaño “a lo hombre”, “a lo mujer”, en la mano o en el suelo, hacer volar un trompo y hacerlo aterrizar en la palma era una hazaña!. También el estilo “sedita” o el “karkancho”, dependía en cómo se lo “afinara”, sobre monedas o en el aire.

Para las niñas el juego más lindo y creo que en algunos colegios o liceos lo siguen practicando, a no ser que algunas señoras lo hagan como “aeróbicos” para mantener la silueta, lo cierto es que “Saltar la Pita” era toda una institución en la época de clases. Por todos los patios de los colegios se podía ver largas filas de niñas, esperando su turno para saltar cantando al mismo tiempo:

“Soy la Reina de los mares que usted me lo va a creer, tiro mi pañuelo al suelo y lo vuelvo a recoger”

Una verdadera belleza era la época de los voladores, la cual comenzaba en el mes de agosto, “mes de los vientos”. Por toda la ciudad, en las calles y en los parques, así como también en los terrenos baldíos, se veía especialmente en el cementerio “campo abierto”, el hermoso cielo limpio y azul salpicado de voladores multicolores que competían en altura, grupo de padres, muchachos y niños organizaban contiendas, se mandaban mensajes a Dios, cartas de amor, no faltaban las batallas entre stronguistas y bolivaristas, no en la cancha sino en el cielo, celestes y aurinegros librando espectaculares guerras con voladores muñidos de un “guillete” ensartado en hilos marca “Cañón” insuperables por su resistencia.

La lucha de voladores se desarrollaba entre grupos como los denominados: “los Tigres del Aire” contra las “Águilas Voladoras” o los “Cóndores Andinos” contra “Las Fieras del Espacio” en franca y leal batalla cuya arma no era mucho más que un buen volador confeccionado con pajitas de las escobas bien secas y con el “tino” en su punto. Para esto el papel de seda, si no era así no valía nada y mucho menos volaba ni en los poderosos vientos de las cumbres de Llojeta.

“La Thunkuña”, este juego mundialmente conocido tiene sus propias características criollas, sin muchas variantes a las del extranjero, eso sí, para nuestra thunkuña era preciso la cascara de plátano o las cascaras de naranja cortadas con tapa coronas de la “soda wáter”, con casquillos viejos de balas de rifles “Máuser” usados en las revoluciones o guerras tan infaltables en nuestro acontecer nacional.

Otros juegos: El Par de Lomitos, Salto Brinco, la “Juska”, con pepitas de damasco o durazno, obviamente en época de vacaciones y de fruta rica de Rio Abajo, estos dos eran exclusivos de los hombres en los que no faltaba la participación de alguna que otra “Orkochi” o “marimacho”

En esos tiempos del recuerdo, todos los niños sonaban con un “Austin Mini Cooper” importado! un verdadero lujo, o un autito, un camión, no existían los dinkies ni los autos a control remoto, hasta se los fabricaba con maderitas y harto trabajo, la cosa era tener un vehículo y jugar las carreras en las calles de nuestra ciudad.

Los juegos con muñecas eran sin duda algo que merece el recuerdo, por supuesto que todas las niñas tenían una o más muñecas de porcelana importadas de Alemania o del Japón de celuloide o de trapo.

Quien que no esté en los “años dorados” no recuerda la Casita de la Negrita Holguín, muchos padres remendones y ricachones hicieron construir similares en los jardines de sus casas para deleite de su prole femenina pero la “Sambita” era tan famosa que se podría decir que como parte del paseo dominical se bajaba a Calacoto a ver la casita en la curva de esa villa en Obrajes.

Tampoco nos olvidemos de las primeras muñecas que abrían y cerraban los ojos. Era una maravilla y signo de mucho prestigio decir: mi muñeca duerme y despierta”
La Novedad llego de la Argentina con las “Lindas Mirandas” o las “Marilus” caminaban!! Increíble! Eso era un lujo.

Haría falta escribir todo un libro para referirnos a nuestras bellas muñecas, de seguro los hay escritos, sin duda todo ha cambiado, pero para el recuerdo basta con algunas remembranzas, luego dejemos a nuestra mente acordarse de mucho, mucho más.



Isabel Velasco.

Bookmark and Share




6 comentarios:

  1. Querida Isabel: Podría llenar páginas y páginas tratando de explicarte o describirte lo indescriptible de mi niñez... a mi modo fue absolutamente maravillosa, aunque debo confesar que leyendo atentamente tu hermoso artículo, mi infancia tal vez no tuvo tanta variedad; sin embargo, vaya que SI fue maaaaaravillosa, magnífica e inolvidable. El campo, el río, las chacras y las 'quintas' ajenas fueron parte fundamental de mi 'diversión'. Aunque la propiedad de mi abuelo materno, sus sembradíos y sus diversos animalitos eran sagrados para mi persona.
    El trompo...hummmmmm, no, no fuí muy hábil que digamos en este juego y no era por no tenerlos ya que al contrario tenía los suficientes.
    El volantín.... ahhhhhhh!!! acá SI que fuí más que bueno... bueno??? a decir verdad, fuí 'un copiloto' bueno, ya que el 'piloto' y creador de los mismos era mi padre... tooooooodo un gran señor para fabricarlos... su caña, sus hilos, sus papeles de diversos y llamativos colores y su inigualable entusiasmo lo 'convertía' en otro niño más; él era quien de la mano me llevaba a un mundo de dicha y ensueño... mi padre, un gran señor!!!
    Las oncitas... fui un genio criollo en su elaboración y en su uso... bueno, en otra será... creo que se acaba mi tiempo y espacio... muy, muy hermoso y ameno tu artículo querida Isabel. En verdad que SI fuiste y sos benditamente dichosa... un beso y un abrazo. Espectacular tu blog y muy bella tú!!! Atte. JC

    ResponderEliminar
  2. Querida Isabelita,
    Me ha gustado mucho tu artículo sobre como jugabamos cuando eramos niños. Yo me acuerdo haber jugado con trompos, con chocas, etc. Nosotros viviamos en el Pasaje Guerrilleros Lanza, que era un pasaje, valga la redundancia, de la calle Guerrilleros Lanza, entre la avenida Chile y Calle Panamá de Miraflores. Muy cerca del Stadium Hernando Siles, y de la Iglesia de las Concepcionistas.
    Como era pasaje lo haciamos servir de cancha de futbol ya que no circulaban muchos coches por alla. Asi todos los del barrio jugabamos alli por las tardes, una vez acabadas nuestras tareas del cole.
    También jugabamos a soldados. Especialmente mi hermano Pepe los militarizaba a su estilo a todos los vecinos, incluyendo el hijo del Katunta que era un índigena que cuidaba un lote o parcela que quedaba frente a mi casa. Mi hermano lo obligaba a este Katunta hijo a jugar con todos los demás, pero entonces pasaba que el Katunta hijo dejaba de cuidar a la guagua que estaba en su casita de barro en medio del lote. La guagua al estar sola se caia de la cama al suelo. Llegaba el padre del Katunta y lo llamaba a su hijo para propinarle una señora paliza por haber descuidado la guagua. El asunto llegó a tal extremo que el Katunta padre prohibió al Katunta hijo a que juegue con mi hermano. Todo esto lo encontró tan gracioso mi tia Rosa, madre del Toñico, que era escritora (e intelectual como yo le decía y ella me reñia porque no le gustaba este epíteto), escribió en un diario de La Paz un artículo que más o menos se intitulaba "Pepito y el Katunta". Toda la familia disfrutó con este artículo. Mi hermano era muy travieso y se subía al techo de la casa y se subía hasta donde se encuentran las tejas de un lado y otro de la casa, y alli hacia de malabarista. Al frente de casa vivía una amiga de mi mamá que por la noche llamaba a casa para decirle que mi hermano habia estado tambaleándose en el techo de casa. Naturalmente lo castigaban, pero no habia forma, el seguía haciendo travesuras. Al fondo de nuestro pasaje vivia la familia Urdininea con don Dámaso que era el más viejito. El tenía sus bigotes en forma de semicirculos debajo de la nariz. Tenia la pinta de un general militar. Pues mi hermano hacia formar a todos los vecinos para que se pongan firmes cuando don Dámaso pasaba. O sea era una especie de rendirle honores militares
    Ramiro

    ResponderEliminar
  3. Que linda nota, hay muchas cosas que no conoci pero muchas otras que trajeron recuerdos muy lindos a mi mente, que lindo era jugar cuando eramos chicos, la imaginacion que teniamos era increible, mi hermano, vecinos y yo nos inventabamos mil juegos, mi hermano era el quimico loco, o nos subiamos a un techo de calamina que se llamaban las calles de Paris y nos pasabamos horas ahi para ataque de mi abuelo y mis padres, yo era arquera del equipo de futbol del barrio y si me metian un gol mi hermano me daba una buena tunda. Recuerdo las rodillas lastimadas cuando trepabamos cuanto arbol habia porque en cada uno existia un cuento creado por nosotros, y creo que lo mas avanzado de mi tiempo era mi bicicleta que aprendi a manejarla despues de semanas de tener a mi abuelo corriendo detras mio agarrando la bici y las mil chocadas contra las paredes hasta que aprendi a coordinar, ojo, mano y pie lo suficientemente bien para torcer el volante y frenar y asi no estrellarme y quedarme todo moreteada por dias !!! Recuerdo tambien las munecas de papel que traian ropa de papel para cortar, que maravilla poder cambiarlas tantas veces y luego viene la Barbie y que tal cuando doblaba las rodillas.............era lo maximo de la tecnologia.
    Los voladores eran lo maximo, mi abuelito los hacia en casa, era una maravilla ver como hacia un volador de pajitas y papel seda de todo color y colaba todo con el famoso engrudo............nosotros no podiamos esperar para salir a jugar a la Plaza Avaroa y ver surcar nuestros voladores en el aire y cuando se rompian era un drama, pero no habia nada que el Abuelo no podia solucionar y esa sensacion de seguridad era algo que me tranquilizaba tanto.

    Que bellos recuerdos, que infancias sanas, que tiempos magicos.
    Te mando un beso y gracias por despertar esas bellos recuerdos en nosotros.
    Patty

    ResponderEliminar
  4. Hola Isabel!

    Realmente fue una epoca muy buena donde uno compartia con los amigos en la esquina de tu casa, tranquila sin tanto sobresalto como ahora que ya no se puede compartir ni un momento en la calle ya que te estan chekeando que afanarte, y que decir de los jugetes que cada dia aparecen mas sofisticados donde al ser humano lo comvierten en una persons fris y egoista, sin creatividad ya que con solo apretar un boton ya esta en el juego que decea, realmete los tiempo cambiaron pero para Bolivia retrocedieron por que hay que ser muyy valiente de estar en esa sin proteccion alguna, Dios quier que pase rapido el tiempo y haya nuevos gobernantes.
    Nos vemos hasta otra oportunidad.

    ResponderEliminar
  5. Isabelita... todo un lujo! y no es cuestion de decir que todo tiempo pasado fue mejor... queda claro que tu generacion, la mia, y quizas una otra generacion mas, tuvimos infancia con imaginacion! Claro... como no recordar los "volantines" bellos coloridos que en Santa Cruz se hacian en palillos de tacuara, engrudo que se hacia con almidon de yuca, papel manteca, e hilo de algodon para lanzarlos al aire... su vuelo tambien dependia del tamanyo de la cola de trapo que se le colgaba.. y por supuesto los mensajes de amor que volaban al cielo...

    Las munyecas de trapo, las josefinas de largas piernas que nuestras madres habilmente sabian coser... uuuuh! si habre puesto los tacones para atras a los zapatos de mis tias! si les habre mezclado las sombras del maquillaje jugando al salon de belleza...

    En la noche para ir a dormir, eran nuestras madres quienes con voz y tonos nos relataban los cuentos de las mil y una noches... vaya que lujo de infancia!

    Este hermoso articulo deberia ser publicado en alguna edicion de ayuda a los padres actuales...

    Isabelita... como siempre es todo un lujo y privilegio leer tus relatos. Un gran abrazo!

    Norma

    ResponderEliminar
  6. Tu hermoso relato me transporto entre risas y lagrimas a un delicioso pasado.
    ¡Cuantos recuerdos! Lo guardare como un tesoro para contárselo a mis nietos, cuando su entendimiento haya desarrollado plenamente y su idioma materno también.
    No te falto nada para describir con tanto detalle épocas tan inolvidables.
    Gracias amiga querida por este maravilloso viaje a la época de la niñez

    ResponderEliminar

Derechos de Autor © 2016

Todo el contenido de este blog es propiedad intelectual de Isabel Velasco - isabelvelasco@hotmail.com