26 de julio de 2010

EL “REY SOL” EN CONCIERTO!



Acostumbrada a vivir rodeada de cerros espectaculares, majestuosos, coloridos y de formas inimaginables, allí en la ciudad de La Paz, donde se puede tocar el cielo con los dedos, bajo el cielo más celeste y esplendoroso del mundo, no vi mi nueva aventura en los Estados Unidos como algo que me impactaría…algo así tan magnífico que me haría gritar!

Que equivocada estaba!

El 2 de Diciembre del año 2004 llegue a vivir a la Florida y a Fort Myers Beach, en un viaje que no ofrecía retorno inmediato, había venido a quedarme y con un anillo de matrimonio en la mano…

Después de pasar por todos los tramites y laberintos en la entrada de Inmigración del Aeropuerto de Miami…con la famosa “greencard” en mi billetera la vida parecía diferente, me comenzó a sonreír, estaba entusiasmada!! Feliz!

Con profunda sinceridad escribo, que no tenía la menor idea de donde quedaba Fort Myers Beach. Había sido una isla! …que sorpresa, jamás pensé que yo viviría en una… como el Robinson Crusoe de mis lecturas infantiles…sin embargo estaba dichosa, nuevos horizontes se abrían en mi camino y nada podía ser mejor.

Como las fiestas de Navidad estaban ya a la vuelta de la esquina y completamente obnubilada con mi nueva situación, decidí hacer de esos días, algo memorable. Mi esposo, un gringo más bien tranquilo, no era de esos que celebraba las fiestas como yo, latina apasionada y alegre. Entonces le quise mostrar, la alegría de la vida, el entusiasmo desbordante nuestro, la algarabía de una sudamericana, la música, la fiesta y la buena mesa.

Estaba tan esperanzada en este nuevo estado que prometía grandes y emocionantes expectativa que el esposo se contagio. Estábamos listos para celebrar las fiestas de una manera extraordinaria.

La noche del 24 de Diciembre del 2004, la víspera de Navidad, Indonesia fue castigada con el Tsunami más impresionante de la vida! Algo que sacudió el mundo…algo indescriptible…algo doloroso. Las imágenes y todo lo que paso están registradas en la mente de los muchos que vimos esa tragedia.

Me quede en vela durante dos noches…no lo podía creer…pensaba en los niños, en las madres, en los ancianos, en toda esa gente desesperada que buscaba una respuesta…no había…

Mis ilusiones de pasar esa Navidad en la playa, se hicieron añicos.

Desde mi ventana, frente a la casa, podía verlo, escuchar el ruido de las olas, miraba los pelícanos, las gaviotas y los atardeceres más divinos de la tierra…pero tenía miedo! Me comenzó a dar pánico el mar…el hermoso mar!

Comencé a llorar, sentía una desesperación nueva. Muchas veces en mi vida enfrente situaciones extremas, algunas de vida o muerte…el terror no era desconocido para mi…mas este sentimiento frente al mar lo sentía diferente.

Foto: Isabel Velasco


He viajado mucho, conocido otros continentes, he gozado quizás de muchos privilegios en la vida, por lo tanto como buena mujer estudiada y culta pensé que el dolor por la tragedia... al otro lado del mundo, pasaría eventualmente y volvería disfrutar de mi “nueva vida” en la isla… No fue así!!

Los días se hacían eternos escuchando el ruido del mar…el mar infinito, el mar dorado, el mar hermoso, el mar que tanto había adorado mi padre! El mar de las fantasías y de los sueños, el de las películas épicas...El mar azul y plateado estaba ahí frente a mí y al acecho! En mi mente “el mar me quería tragar”.

Es obvio que durante los cientos de horas que pasaba acurrucada en la arena mirando el “monstruo” quería pensar en la increíble maravilla que tenía frente a mis ojos, pero no podía! No podía!

Sentía un terror tan indescifrable que muchas veces me falto el aire, sentí dolores en el pecho y en la espalda y creí morir, este temor extremo me hizo conocer los hospitales más fenomenales de los Estados Unidos particularmente del área en el Suroeste de la Florida. Menudo favor que me hizo el mar.

Ahora ya han pasado seis años de esos días de incertidumbre, ya por fin puedo estar frente a él, aprendí a quererlo, lo hice mi amigo… ahora nos toleramos…con la arena…con los mosquitos invisibles, con el laberinto, con los turistas, con los spring breakers, como no amarlo si es tan hermoso y como él no me va amar a mi si soy tan simpática y lo protejo. Nos volvimos amigos.

Ya no vivo en la isla, el “americano bueno” decidió que para la salud mental de ambos se hacía necesario un cambio trascendental y a la ciudad pues!

La paceña quiere ciudad aunque sea sin cerros ni Illimani!! Ahí tiene Naples… Y nos vinimos a esta hermosa ciudad, donde no hay mucho que hacer, algo que puede volver loco al paciente Job…mas aquí el divino mar está cerca de la casa, no lo tengo al frente…lo saludo cada día y cada noche especialmente…corro hacia el todas las tardes, cuando en verano nos presenta el show más espectacular de la tierra…el show divino de Dios, la puesta en escena más perfecta de la creación…No exagero, los atardeceres en Naples, donde ahora vivo, son los más divinos, impresionantes e increíbles de la tierra. Y he visto muchos en mi larga vida...Más como estos ninguno.

No es un mito que en las muchas ciudades de la Costa del Golfo de México el “Rey sol” cada tarde se viste de ensueño, luce sus galas de oro, carmín, rojo fuego, lilas y morados, rosados y amarillos y en todos los tonos del arco iris, juega durante unas dos horas en los cielos llenos de vaporosas nubes y se esconde en un rito perfecto y maravilloso, algo que no tiene nombre realmente.

Ya comenzó la época de los atardeceres más perfectos que Dios nos da…la gloria de la creación…el Rey Sol en concierto!!

El artista más hermoso, el mismo que después de darnos todo un día de increíble fantasía se despide al terminar su presentación, para ello, los americanos tradicionales que viven cerca al mar…los que vuelven a verlo después de mucho tiempo, los que llegan a contemplar la hermosura mítica de estos “sunsets” dorados, oscuros, colorados! Asisten a la playa…no hacen filas ni compran entradas, el show es gratis, Dios nos lo regala!

El mundo se paraliza, son nada más que unos minutos, el Rey Sol después de mostrar toda su hermosura termina el acto, se entra, se despide de la concurrencia…el público aplaude de pie! Como no! ante tanta maravilla..Tanta perfección…la que solo Dios nos puede dar.

Foto: Isabel Velasco

Isabel Velasco.

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