9 de marzo de 2011

LOS ALEGRES APTHAPIS DEL MIERCOLES DE CENIZA




Se llaman “apthapis” las reuniones que se celebran el miércoles de Ceniza y el Domingo de Tentación, después de haber festejado los carnavales y la “Challa del martes”, como una especie de despedida a los días de jolgorio, bailes y danzones carnavaleros.

Los “Apthapis” de las lindas épocas de antaño, se preparaban y hacían con mucho entusiasmo, ya que precedía a la Cuaresma, en esos tiempos el pueblo era ferviente católico y guardaba con mucha rigidez los preceptos de la iglesia. Esa es la razón para desear despedir al Carnaval “en forma” y prepararse con devoción para los ayunos, recogimientos y penitencias que se observaban hasta la Semana Santa.

Hay que reconocer que nuestros “picaros” abuelos se preparaban “adecuadamente: para responder ante Dios y ante sus conciencias, de todos los pecados y pecadillos cometidos en los fastuosos y alegres carnavales.

Estos tradicionales “apthapis” de Cuaresma se organizaban de acuerdo con el entusiasmo y decisión de compadres, familiares y amigos, quienes convenían el lugar y hora de la reunión campestre.
Durante los bailes y reuniones que se habían llevado a cabo los días de Carnaval, comparsas y reinas acordaban de antemano el lugar del “apthapi” generalmente se citaban para el festejo en las “chacarillas” de Poto Poto (Miraflores), Challapampa, Chijini, Tembladerani o Sopocachi, y alguna que otra vez en “Los Obrajes”, cosa que no era muy común, ya que era mucho el ajetreo de “ir y volver el mismo día” a un lugar tan alejado, porque a los Obrajes se iba por una temporada, vacaciono o a convalecer de alguna enfermedad.
Para el éxito del “Apthapi” los caballeros acordaban en bien rociadas reuniones previas, para dar sus respectivas colaboraciones, cada cual se hacía anotar uno o dos fardos de cerveza, otros ofrecían los cocteles, algunos una o dos “damajuanas” de vino, sin que falte algún “chumeño” que llevaba la “chicha”.

Por su parte, las señoras convenían sus respectivos aportes, unas de ellas se hacía cargo del plato fuerte el “picante surtido” (un plato exclusivo de La Paz) , otras del lechón, las humintas, la fruta y alguna que otra mistelita.

Correspondía a la dueña de la Chacarilla mandar desde muy temprano una legión de pongos e imillas, a fin de cosechar y cocinar los mejores choclos, papas y habas para el primer plato a las doce del día, más o menos, como una especia de entrada, la cual consistía en el tradicional “Plato Paceño”.
Como primer paso todos los invitados se reunían en un lugar ya establecido, llegaban en sus coches acompañados de sus empleados y así marchaban juntos en caravana hacia la chacarilla donde se habría de festejar el “apthapi” del Miércoles de Ceniza.

Contrariamente a lo que se puede suponer, el “apthapi” también constituía una fiesta de elegancia, los invitados llegaban a la cita campestre con sombreros hongos o pajizos, además del tradicional bastón. Las damas se presentaban con primorosas blusas de encaje llenas de volados, luciendo hermosos sombreros alones cubiertos de flores, frutas, cintillas y siempre con la sombrilla en la mano, destinada a proteger sus delicados rostros de los duros rayos del sol, sin olvidar sus abanicos, los cuales eran el toque final de la elegancia femenina de esos tiempos, recordemos como ellas eran expertas en el manejo de estos accesorios.

Una vez que todos los invitados habían llegado, comenzaban las rondas de cocteles de tumbo, de ciruelas. La segunda rondita correspondía a los “guindaditos” y los riquísimos coctelitos con pisco de Sapahaqui, Caracato y Luribay, el “Ormaco” o Resacado de Potosí.

Los invitados jóvenes se dedicaban a jugar con “romasa”, mixtura serpentina, chisguetes y polvos de arroz, talcos Atkinsons, Mirurgia o Coty, finos e importados polvos que rociaban y espolvoreaban a las damas. Los mayores libaban en medio de tertulias interminables. Más tarde, cuando los ánimos estaban encendidos por los buenos cocteles, llegaba el momento del plato fuerte, el “Gran Picante Paceño” rociado con Cerveza Boliviana Nacional o con un buen vaso de chicha de los valles de Timusi, Chuma o Moco Moco. Las damas por su parte, manteniendo su elegancia y cordura, calmaban la sed bebiendo “soda wáter” “Champagne Cola” o un “tejti de mani”.

Es de hacer notar que en todas las chacarillas de La Paz había siempre un buen salón de baile con piano y al calor de las cervezas, coctelitos y chicha, se bailaba al son de la buena música, tocada por algún pianista improvisado que nunca faltaba, mas los muchos que llevaban sus acordeones y concertinas, guitarras y violines, mandolinas y charangos.

Nuestros abuelos eran amantes de la música y la mayoría de ellos tocaba algún instrumento. Así pues, se bailaba con donosura y picardía, rondas, pasacalles, mecapaqueñas y huayños paceños, donde tomaban parte jóvenes, viejos y hasta niños. Qué decir de nuestras cuecas, las damas demostraban su coquetería y gracia femenina y los hombres provocativos hacían despliegue de su destreza y galantería varonil, inigualable hoy en día.
Famosos eran los “apthapis” que se celebraban en las chacarillas de Poto Poto, de propiedad de los Eduardo, los Iturralde, los Monroy y los Camacho. En Challapampa hacían época los Arancibia, los Velasco y los Hartmann. En San Pedro los Aldazosa y los Boyan. Se llevaban la flor los Salvatierra y los Endara Velarde en Tembladerani, junto con los Loza en El Tejar, los Lorini en el Ovalo, causaban siempre sensación los Guachalla, los Aparicio, los Aramayo, los Peñaranda los Cusikanqui, los Méndez Ibarguen los Del Solar, los Carrasco, los Benedicto Goitia, todos ellos en Sopocachi y “más abajo” en los “lejanos Obrajes los Carvallo, los Valda, los Castillo, los Ernst y los Patiño Bustamante. Recuerdos de grandes fiestas que permanecerán para siempre en la memoria de los paceños que todavía aman su tierra.

Luego de haber pasado un día alegre, jugando, comiendo, bebiendo y bailando se organizaban las “pandillas” danza tradicional de esas épocas para regresar de los “apthapis” entrando por la Plaza Murillo.

Es para el recuerdo de los paceños de tradición en estos tiempos, rememorar como el miércoles de ceniza a eso de las ocho de la noche se podía ver grupos de alegres comparsas, que de todos los alrededores de la ciudad regresaban de los “apthapis” bailando en alegres pandillas, con sus respectivos músicos, todos cubiertos de mixtura, serpentina y lazos de amor.

Muy tradicional era ver al hombre vistiendo la mantilla de su compañera y a la mujer luciendo el sombrero del varón.

Reunidos en la Plaza Murillo bailaban hasta el anochecer despidiendo al Carnaval.
No está lejos de la memoria de los “jóvenes de ayer” la tradicional tonada de fin de fiesta que cantaban todos los bailarines:

“Carnaval alegre quien inventaría
El Tata Bavia en su Chicheria”




Isabel Velasco

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1 comentario:

  1. Reminisencia… cuando mi mami hablaba del carnival era con el sabor de athapis el tradicional cordero en parrilla, a la brasa, los chunos, y los sabores criollos que nos caracterizan. Recientemente pude estar con mi tia Juana, quien cumplio los 88 anos en California, nos fuimos de “viaje” de Long Beach al Mohavi Dessert. Ella preparo: huevos duros, chunos, papa, pollo hecho con aji y su tradicional salsa (no era llajwa sino una especie de aji colorado con ingredients secretos) que ella habia preparado tan delicioso… que todos los “viajes” hechos a Sapahaqui, Urmiri, volvieron a mi. Recuerdo su imagen en la cocina con las “imillas” a su alrededor preparando el mote de habas cocidas (habas spectum) con quesillo que nunca se acababa. Esos carnavales quien no se olvidaria….

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