18 de noviembre de 2011

ALMA DE ESTA VIDA O DE LA OTRA


Erase D. Juan Bautista Sanjinés un conocido y respetado caballero acaudalado y de encumbrado linaje de la sociedad paceña que unió su suerte a la de una rica doncella hija del filántropo Gral. Ramón Loayza. Disfruto de buena reputación por sus merecimientos de amabilidad y buen trato, fue tronco de una honorable familia entre cuyos vástagos hubo una monja y un abogado.

Habiendo enviudado de su buena esposa, se dedicó de lleno a los goces de la vida echando muchas canas al aire en francachelas, diversiones y aventuras amorosas. Transcurrió así su existencia hasta que le llego el cuarto de hora otoñal, en el cual el buen hombre tomo conciencia de su paso por el mundo, los goces terrenales y las diversiones le llegaron al colmo, la comodidad y los placeres lo hastiaron y arrepintiéndose de su disoluta conducta decidió firmemente enclaustrarse en un convento, reconociendo la necesidad de hacer penitencia para salvar su alma de tanto pecado y consagrar a Dios el último tercio de su vida.

Con voluntad firme ejecuto su resolución previa consulta con la Curia Eclesiástica y los reverendos padres franciscanos, quienes aceptaron gustosos esa su determinación piadosa. Distribuyo entre sus hijos los bienes que poseía, arreglo sus negocios pendientes, se despidió de sus amigos, del mundo y sus placeres y se vistió con el tosco sayal del arrepentimiento.

Esta novedad inesperada, causó revuelo y sensación en los círculos de la sociedad paceña, fue rumor y asunto de conversación y comentarios la novedad de evangelización y toma de habito del señor Sanjinés en descargo de su conciencia como fraile de la orden del Seráfico Francisco de Asís.

Esta noticia comidilla de todas las amistades de D. Juan llego muy pronto a oídos del Gral. Agustín Morales su gran amigo y contertulio quien hace poco había asumida la presidencia de la república, después de la cruenta revolución libertadora del 15 de enero del 1871 la cual dio fin a la nefasta dictadura de Melgarejo.

En ocasión de la “Misa de Gracias” que en el templo de San Francisco obsequiaron los padres de aquella comunidad al Presidente Morales, celebrando el triunfo de la revolución, asistió el General con toda su comitiva y después del oficio pasaron al Refectorio a departir en un convite preparado para la ocasión, allí se encontraron los dos amigos abrazándose con cariño. El Presidente felicito a D. Juan Bautista Sanjinés por el camino que había tomado en el ministerio del sacerdocio y le pregunto:

-¿Cuánto tiempo hace que estas de sacerdote?-

-No soy sacerdote- repuso el padre Juan.

- Soy nada más que un lego converso-

- ¿Cómo es eso mi amigo de lego? ¿Mi amigo Juan de fraile subalterno?... ¡nada de postergaciones tú debes ascender a sacerdote, tu cantaras misa, por tu preparación y edad tienes que estar en el escalafón eclesiástico!-

A lo que el padre Juan respondió:

-No es posible mi querido presidente, para ser sacerdote es necesario, saber Teología y latín, aunque algo entiendo de ese idioma no tengo la suficiente preparación teológica, con agrado estoy aquí de lego-

El Gral. Insistiendo replico:

-¡No quiero que te presentes con esa humildad! ¡Toda se obvia cuando Dios quiere, porque entonces los santos pueden, no hay remedio, tú serás sacerdote!- Abrazo a su viejo amigo y marchose a palacio.

Juan con una sonrisa de amistad en el rostro y resignado se digo para sí mismo:
-Que Agustín, como él es presidente, cree que también puede ordenar y mandar en lo religioso.-

Morales no abandono la idea, hizo las averiguaciones del caso a fin de pedir a la Curia Romana las dispensas previas para que el Padre Juan sea sacerdote y celebre misas votivas. Recabo dicha dispensa y con la aquiescencia del Obispado paceño y de la guardianía del convento, el asunto quedo concluido.

El 19 de agosto del 1872 en el Santuario de Copacabana se reunieron diez y siete sacerdotes para presenciar las “ordenes menores y las mayores hasta el presbiterato del Padre Juan” de manos del Ilustrísimo Obispo Calixto Clavijo. En la ocasión fue padrino de la primera misa el Presidente Agustín Morales.

Su Excelencia salió con la suya, su viejo camarada y amigo había ascendido a sacerdote sin guardar intersticios.

El 27 de noviembre del año 1872 a las nueve y media de la noche, momento en que el Presidente Agustín Morales era asesinado en su propio palacio con seis tiros de revolver que le descargo su sobrino Federico La Faye, en ese mismo momento en el convento de San Francisco, hallándose todas las puertas de la iglesia y de la portería del convento herméticamente cerradas a “piedra y lodo” cuando los frailes descansaban en sus respectivas celdas, ídem los legos coristas y demás sacristanes que dormían a pierna suelta, de improviso y sorpresivamente resonaron estrepitosamente tres aldabonazos en el portón del zaguán del convento, golpes que retumbaron en todas las dependencias de esa casona inmensa.

El portero alarmado y con los pelos de punta pregunto:

-Quien vive y a estas horas que quiere-

Contesto desde la calle una voz conmovedora y suplicante como pidiendo auxilio:

-Cuanto antes me urge hablar con el padre Juan Bautista Sanjinés ¡Vaya usted a llamarlo!-

-Dígale que soy su amigo Agustín Morales que lo necesito con suma urgencia-

El portero vacilante y temblando de susto toco la campana por tres veces, tres toques eran los convenidos para llamar al padre Juan, quien ya se había despertado, alarmado por los golpes y con la sangre que le subía de golpe a la cabeza, temblando de miedo acudió presto y veloz a la portería e interrogo en alta voz diciendo:

-¡Quien va a estas horas de Dios decid si sois alma de esta vida o de la otra!-

Desde afuera contesto la misma voz atribulada y compungida:

-¡Padre Sanjinés hermano mío, quiero que me escuches, te pido la absolución de mis pecados y te suplico que para mañana mismo reces una misa de réquiem para la salvación de mi alma, acaban de asesinarme en el palacio!-

Nada más se escuchó de respuesta, se abrió la puerta del convento y quien así suplicaba por el perdón de sus pecados y pedía una misa de difuntos desapareció instantáneamente.

La calla esta escueta y vacía, solo se percibía la silueta de un sereno quien pasaba en esos momentos alumbrando su camino con un farol en la mano pregonando a voz en cuello:

-Son las nueve y media…nublado ¡Viva Bolivia señores!-

Toda la comunidad franciscana sobrecogida de espanto se hallaba en pie y se reunió en el corredor principal alrededor del Padre Juan hincados todos de rodillas con las manos hacia el cielo y con la vista al palacio de gobierno, imploraron a Dios con fervor por la salvación del alma del señor presidente.

Esa noche a todos se les quito el sueño esperando el amanecer y tan pronto como despunto la aurora, apresuradamente se envió hasta la Plaza Murillo a un hermano lego quien sin demora alguna retorno al convento confirmando el trágico suceso. En efecto a la misma hora en que se escucharon los aldabonazos y a la voz desesperada de esa alma bendita que pedía la absolución de sus pecados, había sido asesinado el presidente Agustín Morales.

La narración de esta tradición tan fantástica la hemos escuchado de labios de nuestros abuelos y está respaldada con el testimonio escrito que ha dejado el historiador D. Carlos Bravo, quien en vida fue dilecto amigo del padre Juan Bautista Sanjinés.

El hecho ha sido positivo y testigos fieles todos los padres legos y acompañantes de la comunidad franciscana en esa noche terrorífica del 27 de noviembre de 1872. Las declaraciones de Carlos Bravo se hallan registradas en el periódico “El Comercio de Bolivia” No 401 de fecha 15 de enero de 1902.

El Padre Sanjinés no olvido el encargo del muerto, durante todo el tiempo que le sobrevivió celebro misa por el alma de su amigo, todos los días a las seis de la mañana en el altar del Señor de la Pretina, se dice que él fue un sacerdote ejemplar, sus virtudes sus sabios consejos y sus hechos extraordinarios concitaron el respeto y la admiración de todo nuestro pueblo.


Isabel Velasco.

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