10 de septiembre de 2010

COMO NOS PODEMOS HERIR TANTO!




Por diferentes razones, motivos y circunstancias, la máquina de escribir ha sido, lo es y será mi mejor compañera.

Muchas veces durante la vida que me toco en esta lotería del destino, he pasado por situaciones en las cuales he desgranado mis sentimientos en este viejo y casi resentido tablero, y en el mágico concierto de ideas, palabras y cuando mis dedos se ponen en sintonía con mis pensamientos y más que nada con mi corazón, puedo sentir que con cada palabra escrita se me va un poquito del alma, dejo en cada letra una pizca de mí ser, de mis penas y alegrías.

Como diría cualquier mujer de mi edad:

“todo me ha pasado a mi”

Esta eterna letanía que tenemos las mujeres a flor de labios y que nunca dejamos de expresar es como una hebra de lana del tejido que queremos terminar. Al parecer queremos impresionarnos más aun de lo que ya estamos en el intento de sopesar nuestras tristezas y alegrías, a mi parecer es algo que viene en el paquete en el cual llegamos. Somos melodramáticas y así queremos quedarnos!




No creo que exista una mujer que no tiene algo que contar, unas mas otras menos, lastima por las que siempre han estado en estado de inercia y reciben todo en bandeja de oro sin más que un chistar o con un pequeño ademan de cabeza.

Por mucho tiempo creí ser una de esas “privilegiadas” lo tenía todo, podía tocar las nubes y dibujarlas. La vida había sido buena conmigo, generosa! En Agosto del 2001 decidí tomar un avión y hacer un viaje largo, interesante, algo que siempre quise y soñé, viajar a Canadá, conocer Alaska.

Sin más preámbulos llegue a Miami, tome la conexión hacia Washington D.C. Era la primera etapa de este viaje maravilloso que por fin se haría realidad.

Nada podía ser más perfecto, el cariño de la familia, la belleza de la capital de los Estados Unidos, los museos, los parques, los monumentos me tuvieron bastante ocupada. Había estado anteriormente en esos lugares, muchas veces, mas la nota interesante en esta ocasión, es que estaba sola y podía tomar decisiones, perder trenes, comer donde me llamaba el hambre, dormir sin preocuparme de horarios, en resumidas cuentas, viajaba libre sin leyes, ni observaciones, era dueña de mi experiencia!

Disfrutando del verano “extremo” de Washington en esos días, la noche del 10 de Septiembre me acosté temprano, mi programa para el día 11 estaba diseñado, tomaría el Metro hasta el Mall y sin más ni más me sumergiría en el Smithsonian y tal vez me quedaría allí “para siempre” junto a mis amores… mis enamorados, mis amantes secretos, esos tipazos que hacían mis noches cálidas, sensuales, pecaminosas…tal era la pasión de mi alma por Van Gogh, Monet, Cezanne, Degas, Manet que quería ir a sentirlos, conversar con ellos y decirles mis cuitas. Mirarlos largo rato en los ojos, tratar de comprender sus sentires, sus pensamientos, hacerlos míos! Al menos tratar de que me sientan, me huelan, me dibujen. Me acaricien los cabellos, que me maten con sus expresiones.

No dormí nada bien, fue hasta las cuatro de la mañana cuando el sueño calmo mis inquietudes y toda la emoción que tenia… el despertar prometía… iba a ser un día espectacular! Seguramente dormía profundamente y tarde en escuchar el teléfono, molesta por la interrupción conteste de muy mala gana, era mi sobrino que prácticamente gritaba” “Tía, tía, un avión se ha estrellado contra una de las Torres Gemelas en Nueva York! Prende la tele.

Tratando de poner mis ideas en orden, tardaría más o menos unos quince segundos para encender el televisor y lo que vi no era ningún programa, el aparato se prendió justo en el instante en el cual como en un barra de mantequilla se desliza un cuchillo caliente, un segundo avión y penetraba la Segunda Torre haciendo estallar el edificio que caía en pedazos.

Me desmorone, sin ningún poder en mi cuerpo caí al suelo de bruces y agarrándome la cabeza pensé en “el fin del mundo” no podía hacer más que gritar y como seguramente lo hicieron millones de seres en el planeta, el espanto, la incredulidad, lo abrumarte del suceso hizo que sintiera en mi corazón un retorcido ajuste de impotencia y dolor. Un espasmo violento, seco y desesperado hizo que mi ser entero gritara de impotencia y aullé como fiera herida.


Todo lo demás, lo vio el resto del mundo, las explosiones, los cuerpos de gente desesperada que opto por tirarse por las ventanas, vi seres humanos que caían desde ellas, estrellándose contra el piso, vi humo negro, fierros fundidos, gente corriendo, desesperación, impotencia, pero no me podía convencer que algo así estuviera sucediendo!

Lo que ocurrió ese día el 11 de Septiembre del 2001 fue lo más aterrador que vi en mi vida! Que vimos todos los habitantes de la tierra, como poder explicar lo que vivieron los habitantes de Nueva York, es inútil.

Todo se desmorono, la gente aterrada corría por las calles, los rostros blancos por la ceniza y el pánico eran de una película de horror, las sirenas, los policías, los carros de bomberos…todo se vio y fue lo más horrible que hasta ahora el mundo ha experimentado!

El terror se apodero de Nueva York, nada se podrá igualar a ese momento, no hubo un ser humano que no haya sentido el dolor y el pánico ante algo que realmente estaba ocurriendo.

No solo las dos torres fueron destruidas, todo Nueva York sintió el eco de la explosión que produjo el estrepitoso estruendo del World Trade Center al caerse.
Desde las zonas más lujosas de esa inmensa metrópolis hasta los barrios más humildes de esa gran urbe fueron impactados por este hecho tan aterrador, no hubo una familia que no sufrió en esos días, la pérdida de un ser querido, la lamentable noticia de su desaparición inminente, la búsqueda, el miedo y la desesperación.
El dolor y el duelo hicieron presa en todos los habitantes de los Estados Unidos, el mundo entero se unió a este sentimiento. Esos días surgieron héroes, lideres!
Hombres de carne y hueso lloraban en las veredas con sus uniformes ya sea de bomberos, policías, médicos, enfermeras o periodistas, completamente sucios, bañados en cenizas blancas, corriendo entre escombros, algunos gritando de alegría al saber que alguien había sobrevivido a tan terrible tragedia.

La ciudad se empapelo con las fotos de los desaparecidos, muchos encontraron a sus seres amados, muertos, heridos o perdidos nunca supieron más de ellos.

Los días subsiguientes la tragedia fue tornándose en un pandemónium, fuimos parte de esta locura, ocasionada por el hombre. El duelo fue general, las iglesias, los hospitales abarrotados de gente en busca de un alivio a ese dolor. Los médicos exhaustos tratando de salvar vidas…estuvimos unidos todos los habitantes de la tierra en un abrazo de pena, furia, impotencia.

Porque nos hacemos tanto daño! Porque el hombre es enemigo del hombre!

En estos momentos que lloro al escribir estas líneas, trato de pensar que algún día algo cambiara, que ese día todos seremos hermanos, sin importarnos el color de la piel, la cantidad de dinero que tengamos en el bolsillo, si hemos comino o no, si estamos felices o infinitamente tristes. Si somos víctimas de la ley, del dinero, de la arrogancia, de los vicios o tal vez de nosotros mismos.

Porque nos hacemos tanto daño!! Si todos somos iguales, hijos de la tierra, hermanos en Dios.

En este aniversario del ataque terrorista al World Trade Center de Nueva York, levantemos los ojos al cielo y por un instante, solo uno, pidamos perdón a Dios agradeciéndole por ser tan benévolo y aguantar tanta ignorancia, tanto odio, tanta maldad…pidámosle que nos perdone por tanta ambición, por esa eterna búsqueda de riqueza y poder.


Isabel Velasco.

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