19 de enero de 2012

LA ALASITA, UNA GRAN FIESTA PACEÑA




La “Alasita” que celebramos cada 24 de Enero es una festividad tradicional del folklore paceño, la cual se conserva al correr de los años como una diversión de bullicio y alegría, por supuesto con el entusiasmo que no dejara de recordarse.

Su origen se remonta a la civilización aymara, pero la historia de esta fiesta típicamente paceña tiene su causa en el celebre alzamiento indígena encabezado por Tupac Katari, quien con miles de los suyos puso cerco a la ciudad en 1781.

Pacificada fue la rebelión por el “chapetón” Brigadier español Sebastián Segurola, Gobernador político militar de La Paz, quien salvó a la ciudad del terrible asedio.

Después de develada la sublevación en acción de gracias a Nuestra Señora de La Paz, a cuya intercesión divina se atribuyo la victoria, se programó para el mes de enero de 1782 una serie de actos conmemorativos para festejar el triunfo y como fecha principal se señaló el 24 de Enero, día consagrado a la Virgen de la Paz.

Los mestizos no habían quedado tranquilos con el triunfo de Segurola y su ojeriza por los españoles estaba candente, a tal punto que la fiesta de Alasita se convirtió en una manifestación burlona y caricaturesca para ridiculizar a los chapetones, en la que todo, absolutamente todo lo que se presentó para la venta en la fiesta resultaba ser una convencional ridiculización a las huestes de Segurola: animales, casas, gentes, muebles, enseres, vestidos, utilería, abarrotes, vivieres y mercancías, todo era en miniatura.

La figura central de esta feria es la figura del “Ekeko” llamado también el Dios de la Abundancia. El Ekeko es la presentación de un hombrecito pequeño, de gran cabeza, regordete, piernas cortas y brazos largos. Tiene rostro sonrosado y rubicundo, alegre con aires de viajero, de una sonrisa sugestiva y maliciosa, más propiamente es un remedo de la cara de Sebastián Segurola. Es necesario vestirlo y equiparlo con toda la indumentaria posible, sombrero de lana de oveja, gorra “lluchu” multicolor, la bufanda y el poncho de lana, chaleco de fantasía y manguitas de lana a todo color. Luego se lo carga con escarcelas llenas de cigarrillos, la chuspa con billetes de todo corte y color un cesto de coca, una lata de alcohol, un mazo de chancaca, una talega de harina y otras de azúcar, cocinas, sartenes, ollas, herramientas y todo lo que pueda aguantar encima.

La fiesta del personaje que nos ocupa, en tiempos del Collao se celebraba durante tres días en el solsticio de verano el 21 de Septiembre. Durante el periodo colonial, don Sebastián Segurola y Machani, Gobernador Intendente de La Paz, después de haber salvado a la ciudad del terrible asedio por Real Ordenanza trasladó la fecha y la primera Alasitas tuvo lugar con la mayor solemnidad y más alegría que antes, oportunidad en que disimuladamente se introdujo el culto al legendario “Ekeko” debido a los hechos que ocurrieron durante esa celebración.

La Plaza principal de ese entonces tenía cuatro ángulos llamados: Chaulla Khatu, el Colegio, el Cabildo y la Casa del Judío, fue por allí que entro en comparsa una multitud de jóvenes disfrazados, bailando al son de cajas, piedras e instrumentos musicales, llevando chucherías y objetos pequeños con la palabra “Alasita...alasita..” la misma que significa “Cómprame”. Hubo también corridas de toros y por la noche los españoles continuaron la fiesta disfrazándose también con sombreros de cartón, caretas y barbas semejantes a las de un chivo. Los jóvenes, aprovechando el bullicio y el desorden que reinaba, no tuvieron mejor idea que raptar a unas damiselas reunidas en la fiesta, muchos de ellos se dirigieron a las casas de sus enamoradas y sacaron de allí a hijas de familia, las cuales no volvieron hasta el día siguiente, este hecho, parecido al “Rapto de las Sabinas” causó tal revuelo entre los padres quienes no tuvieron más remedio que hacerlas casar lo más rápido posible.

Esta costumbre se repitió por algunos años hasta que las matronas de la sociedad paceña y un obispo celoso de sus fieles hicieron prohibir este festejo. Fue tal vez por ese motivo que la juventud de ese entonces llego a considerar al “Ekeko” patrón y patrocinador de matrimonios imposibles, rindiéndole culto, festejándolo cada 24 de Enero y dándole un lugar preponderante en todos los hogares paceños.

Desde los primeros tiempos y durante el coloniaje, la Feria de Alasita se efectuaba en la Plaza de San Francisco, los gobiernos republicanos le dieron realce en la Plaza Mayor, llamada también Plaza de Armas, Plaza 16 de Julio y ahora Plaza Murillo.

El 24 de Enero la población se reunía en la Iglesia Catedral para rezar la Misa de fiesta dedicada a Nuestra Señora de La Paz, patrona de la ciudad y luego correspondía el paseo por las ocho veredas y calles, adyacentes de la Plaza, para la venta y compra de los objetos expuestos en miniatura en medio del bullicio y la gritería de la oferta y la demanda.

Esa Alasita de antaño no solo era la manifestación del progreso artesanal que año por año se superaba en competencia abierta, exhibiendo el adelanto artístico y la mano de obra de los artesanos en todo aspecto, sino también la demostración de la decencia y la elegancia con que se presentaban todos a la feria vistiendo sus mejores galas. Destacaban las “cholitas” con sus sombreros de paja blancos como la nieva, importados de Panamá, coloridas mantas de seda de la China, polleras de gros y terciopelo diseñadas al nivel de la rodilla, enaguas y centros almidonados que rechinaban al paso de las botitas de taco alto y media caña, ni que decir, luciendo joyas de mucho valor, con engarce de piedras preciosas en topos y anillos de oro de 18 quilates.

Las “cholas” y “cholitas” que así se llamaba a las quinceañeras de entonces, eran muñecas vestidas de seda y gasa, quienes lucían con gracia y donaire la hermosura y belleza de la chica paceña. Las damas y damitas de esa época de lujo y oro, eran verdaderos figurines. Los niños con sus vestidos marineros y las niñas un repollo de fantasía. Ni que decir de los jóvenes, figuras principescas que rivalizaban en delicadeza y educación.

¡Qué diferencia con los patanes de hoy día! que contraste de las féminas de hoy con las del pasado nostálgico de ayer, porque seguro veremos en la próxima Alasita a las birlochas puro pantalón haciendo competencia al varón, muchas con pantalones ceñidos y colados al pellejo.



Por el año 1917, de la Plaza Murillo, las cuatro aceras de ella se la repartían de la siguiente manera: la acero del Loreto, específicamente para la venta de objetos artísticamente tallados en plata y madera. La acera del Palacio de Gobierno, únicamente para ebanistería, la acera del Lucero solamente para talabartería, objetos de cobre y cerrajería. La acera de “Doña Cualidad” sección esculturas, casitas, ekekos, Queveditos”, “kusillos” y demás objetos de estuco moldeado. Alrededor de la Plaza, los puestos de confituras, cigarrillos, harina, azúcar y todos los productos de abarrotes en general, allí también paseaban los asistentes saboreando los deliciosos “tectis” de maní, en esa época el refresco de moda.

Más tarde durante el Gobierno de Bautista Saavedra, el año del Centenario de la Republica, en 1925, la “Alasita” se instalo en la Plaza de San Pedro, fue allí donde los reclusos del penal vendían sus afamados “caballos thejetas” y los “kusillos”.

Una costumbre que aún persiste es la de ir a las “Alasitas” a comprar a las 12 del medio día, con la esperanza de que lo que se compra se convierta en realidad, antiguamente se estilaba ir a la Catedral a hacer bendecir las compras, la gente concurría a misa únicamente por devoción a la Virgen de La Paz.

Para las niñas era tradición ir a la feria y hacer el “mercadito” , se compraban fogones, carbón, ollitas, para cocinar en pequeño el plato tradicional de “Alasitas” el delicioso “Plato Paceño” y los papas por supuesto tenían que comer lo que ellas habían cocinado, los chicos por su parte adquirían el infaltable pinkillo y a escondidas en los zaguanes y rincones de la casa, haciendo alarde de su hombría fumaban los cigarritos en miniatura, fabricados con cáscaras de papas y envolturas de marcas conocidas entonces, como los “Caprichosos”, “Sucrenses”, “La Habanera” y otros. Una compra favorita de los niños en Alasitas, eran los soldaditos de plomo, mismos representativos de los ejércitos napoleónicos, con sus uniformes azules y rojos. Asimismo, una diversión única de los “gualaychos” y jovenzuelos era el “soplete”, ellos gozaban haciendo gala de “tiro al blanco”. Chiquillas escapando de los balines del soplete, traviesas “chotas” de buen “thusu” y mejor parada.

Otra de las variedades de las “Alasitas” de antaño era de la edición de periodiquitos bien escritos, con fondo literario jocoso de mucho ingenio y categoría, tan es así que esos ejemplares figuran en la historia del periodismo paceño, podemos citar: “El Pije Pato”, “El Plato Paceño” el “Tío Vizcarra” como sus mejores exponentes. La prensa paceña editaba también sus periódicos en pequeño, con caricaturas y tomaduras de pelo a los petisos.

Una costumbre que aún persiste y que es muy tradicional, es comprar en Alasitas una casita, un autito, una chacarilla, etc. Con la esperanza de que esa compra se convierta en realidad en el curso de ese año.

Algo muy típico en Alasitas es la emisión de billetes pequeños de varios valores y corte de la moneda nacional, es divertido pensar que en estos días, ya la plata boliviana no es atractiva, más bien se venden dólares americanos y “euros” mejor! muy pronto estarán emitiendo billetes chinos, al correr del tiempo. Ya veremos este año 2009 los euros causaron sensación.

Por su parte las madres de familia de esas épocas, las cuales durante todo el paseo se habían visto acosadas por sus hijos, tratando de evitar sus pedidos para comprar todo lo que ellos veían, terminaban adquiriendo los famosos “quimsacharanis” esos se vendían en la cuadra que queda detrás del Panóptico. Allí también compraban enseres para el hogar, como ollas de barro cocido, chuas, wisllas y hermosas jarras bellamente decoradas, cubiertas de brillante barniz, traídas por las “cochabambinas”. Las abuelitas se preocupaban de comprar a sus nietas, que según ellas, “andaban desnudas” un buen “refajo” de pura lana de oveja a fin de prepararse para el crudo invierno de La Paz y así evitar en el futuro probablemente un “dolor de costado”, escogían esta prenda con el sabio comentario de que la juventud no se abrigaba adecuadamente.

Todos los que asistían a las “Alasitas” sabían lo que debían comprar, grandes y chicos, pero había algo muy tradicional....especialmente para las señoras mayores, abuelas, entonces reinas absolutas de los hogares de antaño, ellas no podían volver a su casa sin antes haber adquirido un lindo par de macetas, ya sea una geranio para reemplazar a la vieja pelargonia media seca del zaguán, o una enredadera de madreselvas para “alegrar” el patio, donde melancólicamente paseaba el hijo adorado que recién llego y no olvida el tormento de las guerras!.

Muchas añoranzas guardamos de la “Alasita” en San Pedro, los famosos pasteles, pancitos y kaukas de la “Llanta Baja” quien cada año vendía en la esquina de la plaza, todos se acercaban a ella para admirar las fabulosas joyas que lucía en todos los dedos de sus manos, había que ver con que finura manejaba las pinzas para vender sus pasteles, ya que los anillos le impedían mover los dedos con facilidad. Ella fue el símbolo de la “Alasita: y su recuerdo perdura, así también los paceños de corazón no olvidaran los dulces de la Florentina, los ekekos de Doña Flora y los exquisitos dulces y masitas de todas aquellas mujeres que con cariño y dedicación, hicieron de la alasita de antaño una fiesta de elegancia arte y amor por las tradiciones.

!!!FELIZ DIA DE "NUESTRA TRADICION" A TODOS LOS PACEÑOS DEL MUNDO!!!

Isabel Velasco.

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