15 de julio de 2014

DE LOS COCHES VICTORIA AL FORD T




Algo que dio realmente ímpetu a la actividad diaria de las épocas de oro de la ciudad de La Paz, fue la llegada de los primeros motorizados, ¡algo espectacular nunca visto!

Dadas las características topográficas de la “Oh Linda La Paz” el tráfico vehicular se caracterizaba por ser variado y numeroso, coches, carruajes, calesas, mosquitos y tílburis se desplazaban por calles y cuestas alegres y vistosos, arrastrados a tracción fuerza, es decir jalados por caballos, los cuales con su trote acompasado daban un toque ruidoso y pintoresco a nuestra “cosmopolita” ciudad de antaño, la misma que por otra parte trataba de ir a la par de otras capitales importantes de Latinoamérica.

Los paceños elegantes de aquel entonces se transportaban de un lado a otro de la ciudad en confortables coches de alquiler llamados “Victorias”, sin excluir a los que complementaban su personalidad conduciendo sus propios y lujosos carros particulares. Estos coches de ruedas con su capota plegable, precursores de los convertibles modernos, llevaban a los pasajeros por el precio de cincuenta centavos, transportaban uno, dos o todo el coche completo.

Los días de sol, en que el cielo paceño presenta un azul inigualable, eran conducidos con capota replegada, a vista de todos, así los pasajeros tenían oportunidad de saludar a sus conocidos sacándose el sombrero, las damas cuidaban sus blancos rostros de los rayos solares con vistosas sombrillas y enormes sombreros, todo esto haciendo juego con sus vestimentas.

El cochero era llamado “auriga” y portaba un gran látigo en la mano, vestía siempre con elegancia la mayoría de las veces usaba un sombrero de “tarro” color negro.

A diferencia de otros tiempos, especialmente los nuestros, los coches tenían paradas específicas reglamentadas por la Honorable Municipalidad, donde se los hallaba estacionados en fila esperando la llegada de los “pasajeros” o de los ponguitos que eran mandados para solicitar sus servicios. La parte Norte de la Alameda, donde actualmente se encuentra la Plaza Venezuela, era una de las paradas, igual que la Plaza 16 de Julio, hoy Plaza Murillo; allí, frente al Palacio Legislativo existía otra “parada” en la Plaza de Churubamba también y la más concurrida de todas se encontraba en San Francisco.

Aparte de los coches Victoria de alquiler y los particulares, existían también los que eran contratados para viajar a las fincas o haciendas, estos eran llamados “Diligencias”, transportaban pasajeros de uno a otro lugar, eran coches grandes y resistentes, habilitados para llevar unas veinte personas. Una ruta de las más conocidas de las “Diligencias” llamadas “Internacionales” era la que conducía al lago Titicaca, hacia Chililaya, Puerto Pérez y Guaqui, donde se hacía conexión con los puertos al mar o sea la primera etapa de un viaje a Paris, Londres o Madrid.

Los aristócratas de entonces, los que tenían coches propios los utilizaban mayormente para ir de paseo a sus quintas por el camino a Obrajes por San Isidro de Poto Poto y los lejanos Sopocachis, estas familias pudientes escogieron como su residencia el Barrio de la Caja del Agua, allí vivió la crema y la nata de nuestra sociedad de antaño, pues consideraban el lugar más abrigado y muy lejano a los fríos aires del Illimani... Según la Monografía Histórica de la Ciudad de La Paz, editada por el Comité del Cuarto Centenario de la Fundación de nuestra ciudad se dice que: todas las manzanas comprendidas en el ángulo que forman las calles de Santo Domingo y la Paciencia (actual Ingavi) y la nombrada calle del Rey, cerrando los cerros del Agua de la Vida y del Calvario, constituyeron entonces el barrio de la aristocracia paceña, allí vivieron los Landaveri, Iturralde, Cornejo, Prudencio, Romecin, Chirveches, del Carpio, Gutiérrez Lea Plaza, Indaburo, Peñarandas, Sanjinés, Núñez del Prado, Reyes Ortiz, Ballivián y muchos más.

Cerrada la Alameda por el Gobernador Sánchez Lima a las seis de la tarde nadie podía ir más allá de esos lares y los que lo hacían corrían el riesgo de hacer una y mil peripecias para retornar trepando los cerros de Sopocachi. “La única casa que por allí se construyó (más lejos de la Alameda, supongamos que por San Jorge) fue la de don Ramón Ballivián, la misma que fue adquirida por don Manuel Vicente Ballivián a quienes los consideraron locos porque se fueron a vivir tan lejos”!

Los coches oficiales “Victorias” que se usaron hasta el año del Centenario de la Republica eran de color oscuro con buenos caballos “troncos” lustrados y elegantes, con el escudo boliviano, jalados por cuatro corceles empenachados. Los cocheros vestían de traje oscuro, botas y sombrero de copa alta, luciendo una escarapela boliviana en el pecho.

El año de 1909 para conmemorar el Centenario de la Revolución de Julio, con gran alboroto se estrenaron los “ultramodernos” tranvías. La Paz, para entonces había alcanzado el cenit de su progreso.

El primer automóvil que llego el año 1904 fue un Renard, el del industrial alemán Arturo Posnasky, hombre visionario, científico, sabiondo, estaba en todas el querido don Arturo, su auto era al estilo de los coches antiguos con techo descapotable “Overland”


Para conducirlo Posnasky tenía una indumentaria especial, guardapolvo de kaki, largo hasta las canillas, guantes de cuero, especiales, un gorro de cuero bien ajustado a la cabeza y unos lentes enormes, al mismísimo estilo de los que podemos ver en el cine, en las películas antiguas, ni más ni menos.

Por supuesto que el auto de Don Arturo causo sensación, se constituyó en la novedad y no había tertulia ni comentario de caballeros en el cual el plato fuerte del día no fuera “el auto de Posnasky”; levantando polvo, con su ruidosa y peculiar bocina bajaba el auto desde Challapampa por la calle del Recreo, hoy la Mariscal Santa Cruz hasta Miraflores donde tenía su residencia, es de mencionar que los más entusiastas yendo y viniendo tras el “auto de Posnasky” eran los gualaychos, para quienes el vehículo era una verdadera atracción fuera de serie y todos los ciudadanos se solazaban con sus idas y venidas.

Ese automóvil no estaba preparado para la altura y fallaba en las pendientes, fue así que para subir desde las partes bajas de la ciudad hacia el centro, requería de la “ayuda” de los muchachitos que lo seguían y empujaban el coche haciéndolo subir cuesta arriba. Don Arturo cruzaba la ciudad saludando a todos sus conocidos y ayudado por los chicos empujando el carro, ante la hilaridad de los cocheros de los carros estacionales, que se burlaban de él y del automóvil, del cual decían que subía las cuestas a “tracción de sangre humana” Con el correr de los años la ciudad se fue llenando de automóviles uno de los más lujosos y modernos que llego en esa época fue la limusina Cadillac de Don Jorge Sáenz, gran empresario y miembro de una distinguida familia paceña.

Para esa época también los millonarios y hombres de negocios potentados recibieron sus automóviles, los cuales llegaban por barco en un promedio de más o menos un año, pero la espera era muy bien recompensada. La Paz se llenó de Ford T, Mercury, Studebakers, Nash y muchos otros, sin embargo es de mencionar que por nuestras calles y avenidas circularon grandes marcas que han desaparecido y aun algunos se conservan en colecciones privadas como verdaderos tesoros.


Isabel Velasco.



2 comentarios:

  1. Felicidades Isabel.
    Es uno ameno, lindo y merecido homenaje a la histórica y heroica Ciudad de La Paz.

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  2. Lindo articulo con datos muy justos a la realidad de entonces. Ya en los 50's me acuerdo ver a varios coches "modernos" desistir de subir a la Plaza Murillo (especialmente los ultimos metros a partir del "Correo") y oler el "embriague" quemado y ver las baldosas de piedra Comanche brillando como espejos y resbalozas como con enjabonadas despues de cualquier precipitacion pluvial. Simon Bedoya

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