27 de abril de 2009

LAS MUJERES SON HERMOSAS NO CABE LA MENOR DUDA, ¡MUCHO MÁS SI SON DESCENDIENTES DE LAS AMAZONAS!

No es ninguna novedad que Latinoamérica presenta cada año, al mundo entero, el más hermoso espectáculo de esplendor en los concursos de belleza, las preciosas jóvenes que representan a los países hispanos son orgullo de nuestra raza morena.
De hecho no es un mito si no una realidad que “las mujeres más bellas del mundo están en Sudamérica. Venezuela tiene en su haber muchas coronas ganadas consecutivamente, Puerto Rico otras tantas y otros países como República Dominicana, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Argentina han ostentado los galardones del Miss Universo.

Por años de años, en cada concurso las bellezas latinas siempre ocupan puestos entre las diez finalistas y al menos tres llegan a estar entre las cinco primeras y es raro no ver una entre las dos últimas aspirantes.

De donde vienen estas maravillosas mujeres, con rostros angelicales, estaturas de impacto, cuerpos de diosas y con esa “seguridad y personalidad” tan definida, es difícil pensar… del Paraíso Terrenal? Son acaso descendientes de las fabulosas Amazonas? De las ciudades perdidas? De los pobladores del fascinante Dorado?
Sin divagar mucho, estamos seguros que la hermosura nace en las selvas, allí en las orillas del Rio Amazonas, de hecho no es ninguna noticia tampoco que Colombia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Perú y particularmente la región oriental de Bolivia, se lucen como los lugares donde se encuentran las mujeres más espectaculares y bellas del universo.

La leyenda de las amazonas, diosas, reinas y guerreras nos lleva a tiempos infinitos, en todo tiempo, desde la prehistoria la mujer se presenta como una gran diosa, no solo como símbolo de fecundidad y vida, sino como guerrera, defensora y salvadora, mujer que se enfrenta contra animales extraordinarios y contra los atropellos y la violencia de los dioses masculinos.

En Egipto allá por el año 1550 a.c. Surge en los libros de historia y mitología la figura de la Diosa y Reina Ahotep quien al mando de su ejército derroto a los Hicsos. En el siglo XV a.c. tenemos a la Gran Faraona Hatsepsut, quien lidera el ejército y muere luchando por el trono contra el ataque de su sobrino; y la Reina Arsinoe III quien lucha también en la batalla de Rafia junto a su marido, según los entendidos sus figuras fueron dejadas en antiquísimos documentos y se las ve reflejadas como aves míticas portando suntuosas armaduras de pájaros con llamas encendidas. Todas ellas con corona, arco y flechas, maza y escudo.

En otro continente en el África, en Uganda, la historia dice que el Rey Mitseba en el siglo XIX tuvo un ejército de “amazonas” y la Reina Anna Xinga dirigió un ejército vestida de hombre.

En Asia entre los recuerdos “amazónicos” destaca la figura de la reina asiria Semiramis, la misma que fue deificada y dirigió, en lugar de su esposo, el ataque de Bactres. También llego a conquistar Egipto y Etiopia.

El poeta Virgilio en sus escritos de las luchas troyanas dice: “La fogosa Pentesilea conduce a las huestes de las amazonas, con sus broqueles en forma de media luna y brilla su ardor en medio de la muchedumbre” Otras amazonas en la Mitología Griega, son la reina sacerdotisa Hipólita, quien murió de pena tras haber sido derrotada por Teseo.

En Europa no pueden pasar desapercibidas las innumerables leyendas de las mujeres guerreras como las fabulosas Valquirias entre ellas Brunilda quien venció en batalla al Rey Sigfrido.

Y en nuestra América figura la imagen de las indias que combatieron contra Colon desde sus chalupas. Están las leyendas de las indias colombianas Quimbayas, las que combatían con cascos de oro. Las “Amazonas” ecuatorianas que se lanzaron en contra del conquistador Orellana con arcos y flechas, al mando de su reina Calafia.

Una historia realmente fascinante es la del “Gran Paititi” y sus bellísimas indias “vírgenes vestales” las “ñustas, mujeres de extraordinaria belleza, durante el imperio de los Incas en la región de Perú y Bolivia.

Dicen los historiadores que mientras el gran Inca Atahuallpa llenaba los cuartos de tesoros fabulosos en oro y piedras preciosas, a pedido del Conquistador Pizarro, el que “supuestamente” iba a liberarlo de su prisión, ellas escondidas, se refugiaron en la intensidad de la selva amazónica y entre ríos, corredores, escondidos y cerros, lograron rescatar “montañas de oro, esmeraldas y diamantes” en una ciudad perdida del Imperio del Sol: El Paititi, el sueno de los españoles, hasta ahora la Ciudad Oculta, la misma que sirvió de refugio a la nobleza incaica y a los últimos reyes del fabuloso Imperio de los Andes.

La tradición cuenta de veinte mil llamas cargadas de oro y tesoros incalculables conducidos por Coya, la esposa del Gran Inca. Antiguas crónicas cuentan de la fabulosa cadena de oro que el Inca Huayna Capac había hecho forjar en conmemoración del nacimiento de su hijo Huáscar, el legítimo heredero de los Incas, a quien Atahualpa, su hermanastro mando asesinar. La cadena llamada en el lenguaje quechua “yajuirka” se dice que tenía la longitud de doscientos metros y los eslabones que la unían eran del tamaño de la mano de un hombre extendida.

Afirma Garcilaso de la Vega que pesaba tanto que la fuerza de doscientos indios no la podían levantar. Los españoles sedientos de oro, trataron de rescatarla pero no pudieron, se cansaron de tanto buscar, murieron por ella. Esa joya está perdida en la inmensidad de la selva, en la “Gran Ciudad Perdida del Paititi”, junto con el recuerdo de sus hermosas indias vírgenes vestales.

Cuanta maravilla se encuentra en las selvas vírgenes de nuestro continente hermoso y a todo ello contribuye la inigualable belleza de las mujeres, su gracia, el ritmo que llevan en su sangre, la pasión que arde en sus cuerpos, el brillo de sus ojos marrones y negros, su amor, su entrega, su tragedia, su infinito temor a Dios!
Cuantos ingredientes son esos para presentar al mundo tanta belleza! Y todo eso mas la fantasía de música, tambores y quenas, colores, ritmos, cielos, ríos, flores, frutos y fragancias que emergen del gran Rio Amazonas, nuestro hermoso caudal de prosperidad. Ese indómito lugar de la selva que cruza nuestra América creando un maravilloso estallido de esplendor ante un mundo adormecido para hacerlo palpitar.

Isabel Velasco.

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