30 de septiembre de 2009

LAS CORRERIAS DEL “TATA IVAR” EN TIEMPOS DE GUERRA

Es mucho lo que no se sabe de las increíbles hazañas de los miembros de Servicio Secreto de Bolivia en la Guerra del Chaco. El Domingo pasado la Revista “Escape” del periódico de La Paz: “La Razón” publico una interesante historia basada en los personajes que participaron en “OPERACIÓN ROSITA” nombre idílico que fue usado para una de las magnificas historias de estos personajes que poblaron los salones, corredores, túneles, buques, arenas, oficinas, en su papel de espías, durante el conflicto bélico con el Paraguay.

Como escuche, miles y millones de veces estas historias, hay una que creo deleitara a los lectores de esta Revista: La Historia del Tata Ivar! Que se las relato con afecto y en memoria de mi padre el Espía Numero 13, Jefe del Espionaje Boliviano durante la Guerra del Chaco, Don Gastón Velasco Carrasco.

Dice que este joven nació en Jalisco, México, fue enclaustrado muy joven en un Seminario de donde al final de sus estudios místicos canto su primera Misa y recibió los secretos confesionales de sus primeros feligreses allí en Guadalajara, estado de Jalisco, bajo el cielo de México su tierra natal.

De apuesta presencia varonil, rostro de tez trigueña, picaros ojos bajo cejas tupidas, carialegre, amable y atractivo con las gentes de su parroquia, se lo conocía por su charla amena y decidora con sus cofrades clérigos y sus compinches amigos, era un paradigmático sacerdote tonsurado y ensotanado de hábito negro que infundía respeto y veneración. Pero cuando algo le picaba o se percataba de algún pecado mortal, explotaba de ira, lanzaba juramentos amenazando con la excomunión a los enemigos de Dios y de la Patria.

Por el año de 1928, la lucha política en México recrudeció violentamente contra la clerecía, originándose sañuda persecución al sacerdocio católico. Plutarco Elías Calles impuso su autoridad por la fuerza, frente al desenfreno de la oposición clericalista contra su gobierno.

En estas tremendas tribulaciones de asedio y persecución, nuestro personaje se hallaba comprometido en la subversión y las autoridades le tenían ojeriza pisándole los talones todo el tiempo a fin de capturarlo. Ivar opto por liar sus bártulos, preparo sus maletas y de la noche a la mañana se hizo humo de Guadalajara, llegando a Bolivia al amparo de la Jerarquía Eclesiástica. Sentó sus reales en los valles cochabambinos, donde el obispado le asigno para el servicio del culto la parroquia de Sipe Sipe. El Tata Ivar fue por esos pueblos y caseríos con ademanes abaciales, predicando el amor de Dios al prójimo, Tenia la especialidad de conocer todos los sortilegios que redimen los pecados humanos y procuran a los mortales una amplia entrada al cielo.

El Tata era comilón, gustaba de la buena chicha. Frecuentemente viajaba a varias parroquias e iglesias de la ciudad donde oficiaba de cura suelto. Hacia también colectas religiosas destinadas a la propagación de la fe. Su carácter resuelto y animoso lo llevo a la conquista de muchos amigos, en especial de políticos del Partido Republicano, conociendo entre ellos a Don Daniel Salamanca con quien trabo intima amistad y se hizo su partidario.

Tomo parte activa en las elecciones de 1931, allí en Cliza a la cabeza de un grupo de sus correligionarios, no trepido en asaltar las ánforas electorales revolver en mano, obteniendo así el triunfo de Salamanca para la Presidencia de la Republica en ese distrito electoral.

Es así que desde el punto de vista pintoresco, el Tata Ivar a “lo mero macho” de las tierras de Jalisco, llego a ser el hombre de confianza de S. E. el Presidente Salamanca, quien lo designo Jefe de Policía de la ciudad de Cochabamba. Desapareció el apóstol y surgió el guardián del orden público.

El clérigo mexicano, como Jefe de Policía hizo tabla rasa con vagos y malentrentenidos amigos de lo ajeno que pululaban por esos lares, sembró el pánico entre el elemento del hampa hasta exterminarlo. Bien pronto el Tata se dio a conocer por su bravura en las disputas con los malvivientes, a quienes los tenía en jaque y a sus contendores a puño limpio. Era diestro en el manejo del revolver Colt calibre 38, que para amedrentar a los bellacos lo manipulaba con entera destreza, haciéndolo girar entre los dedos índice y pulgar de su mano y cuando apuntaba y apretaba el gatillo era bala segura en la humanidad del delincuente que huía corriendo de la justicia.

En Junio de 1932 se enfrenta con la Guerra del Chaco, en estas circunstancias es nombrado en el alto cargo de Director General de Policías con sede en la ciudad de La Paz donde de inmediato se pone en campaña para imponer el orden y disciplina, erradicar el vicio en todos sus niveles.

Este hombre tan severo gozaba de buena reputación como sacerdote, como policía era respetado y temido por todos en general. Para el solo había un reglamento especial que ejercitaba contra los profesionales del vicio. Sin necesidad de recurrir a decretos gubernamentales, impuso por su cuenta y riesgo el “toque de queda”. A las doce de la noche no había un alma viviente en las calles, hombres, mujeres y niños estaban emplazados a cumplir sus deberes y todo el mundo andaba pianito y de puntitas porque así lo exigía el estado de guerra.

Conocía al dedillo todos los rincones de la ciudad, los sitios de placeres nocturnos así como todos los antros de perversión. Contaba con la colaboración de una “Pandilla Juvenil” con efectivo servicio de inteligencia, que el mismo había organizado entre mozalbetes quinceañeros quienes detectaban el más mínimo movimiento de los elementos perversos del hampa. Por las noches principalmente había que cuidar la ciudad de las aventuras y el escándalo. Entonces eran muy conocidos los salones de diversión: “El Gato que Fuma” en Churubamba y el “Caballo Blanco” en la cuesta de la Pisagua, donde se reunía toda clase de gente, reservistas en comisión, otros que habían salido del Chaco con permisos especiales, así como también desertores, omisos y emboscados llenaban esas guaridas de alboroto, juerga y escándalos, divirtiéndose con birlochas perdularias de mala vida.

En momentos que la algarabía y el alboroto de las borracheras subían de tono al son de las estridentes orquestas, entre cuecas y bailes a cuales mas arrebatadores y entusiastas con el jaleo y zapateo, sorpresivamente irrumpía al local la patrulla juvenil a la cabeza del Tata Ivar… Todos temblaban a sus gritos “Sálvese quien pueda”!!! ..!Alto quien vive!..Arriba las manos carajo!! Los despavoridos tenían que presentar sus libretas y documentos militares uno por uno. Para los omisos y emboscados no había conmiseración, mientras para los cumplidores de la patria había luz verde, permiso y licencia para seguir farreando y bailando hasta las doce de la noche!

Los tiempos no eran muy normales ni muy tranquilos. Por eso había que poner orden en la ciudad y de continuo se efectuaban redadas de malvivientes que iban a parar con sus huesos a los calabozos policiales. También se hacían redadas con mujeres de la vida alegre y tempranillas que eran castigadas severamente.

A las reincidentes se las avergonzaba con el rape de sus cabellos, dejándolas calaveras, “muru” imillas, a muchas díscolas se les marcaba cortándoles media oreja. Muchos ladrones y rateros incorregibles, así como los “izquierdistas” y “derrotistas” traidores a la patria fueron fondeados en el lago Titicaca sin misericordia.

A la mañana siguiente de sus correrías policiacas y detectivescas, el Tata Ivar como si nada, mediante la taumaturgia de oración y del rosario volvía a ser el Tata cristiano conquistador de almas, oraba y decía misa todos los días en el Templo de la Merced, confesaba, bautizaba, daba la comunión y los santos sacramentos, era hondamente amoroso con sus feligreses.

Mi propósito era relatar algunas de las aventuras y correrías de este diablo policía ensotanado. Un personaje interesante el Tata Mexicano…amiguísimo y encubridor de Gastón Velasco, Carlos Ackerman, Augusto Salinas, Rosita Aponte, Cristina Velasco y Lidia Gueiler Tejada. Contacto en los elegantes antros y salones de la época, informante y activo miembro del SSB.

Sucedió que en esas circunstancias el Servicio Secreto Boliviano se había anoticiado de la presencia de un espía paraguayo, quien fue localizado en el Hotel Paris, se trataba de un comandante aventurero compadrito, farsante de nacionalidad argentina, llamado Juan Florentino Chamorro, es de hacer notar que en su país este tunante pertenecía a una aristocrática familia con muchos reales, pero disparado y en busca de emociones y sensaciones diferentes, dejo su Buenos Aires querido y se metió en menudo lio, quería tal vez experimentar algo de sus románticas novelas, amigo de la aristocracia y vividor empedernido. Un personaje. Asiduo de los clubs y de las fiestas diplomáticas fue inmediatamente contratado en Asunción para ejercer el espionaje en Bolivia, el novato cayó en las primeras de cambio en manos del contraespionaje boliviano. Sometido a juicio fue a parar a la cárcel de San Pedro, pero como este sujeto era solo un presunto espía, el tribunal de justicia militar lo absolvió de culpa y lo puso en libertad con la disculpa de haber estado en Bolivia muy poco tiempo. La voz del Embajador Argentino, las damas diplomáticas y demás amistades de su país, convencieron al Presidente para liberarlo. Chamorro feliz de su suerte.. seguro de que se había fumado en kullu pipa a las autoridades en La Paz, emprendió viaje hacia Guaqui, una multitud de argentinos que lo estimaban lo despidió desde la Estación Central, contento escucho las ruedas del tren avanzar… se acomodo en su poltrona de primera clase y sonriente miro el camino, con fortuna y una sonrisa de oreja a oreja. Mas él nunca llego a su destino, pues fue interceptado en un lugar de la pampa del Altiplano por el Tata Ivar quien con un fuerte pelotón de “sus soldados” lo llevo hasta una pampa del cementerio más cercano, le hicieron cavar su tumba y el mismo Tata se encargo de ejecutarlo con las celebres palabras: “YO SOY BOLIVIANO Y NADIE SABE LO PELIGROSOS QUE SOMOS LOS SOLDADOS DE MI PATRIA! POR LO TANTO COMO JEFE DE POLICIA Y MIEMBRO DE SSB ME ENCARGO DEL ASUNTO” disparándole con la Colt 38. Quedo tieso el porteño y si algo sucedió por esos lares…nadie se acuerda.

El Gobierno como era de esperarse, no tenía solución ante las autoridades de la Embajada Argentina... El Tata Ivar se hallaba bajo peligro de muerte, Salamanca, su amigo, lo hizo fugar al Perú. El Tata comenzó a ejercer nuevamente su apostolado, sin embargo una noche en el puerto del Callao fue brutalmente acuchillado por unos pandilleros. El hecho no fue esclarecido, pero se cree que fue obra del espionaje argentino infiltrado en Paraguay.

Isabel Velasco.

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2 comentarios:

  1. Isabelita, me lei la historia dos veces, increiblemente divina, esta es la lectura que más me atrapa y me hace averías en el corazón. No dejes de escribir estas anécdotas por favor. Te lo ruegoooooooooooooooooooooooooo.

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  2. Isabel, no dejes de escribir. Este es un sitio de opinion y debate social, es una forma de distraccion y apoyo al mismo tiempo. Suerte en todo, tu sabes quien soy :)

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